Darle feedback a alguien es una tarea autoasumida, que en
buen principio, tiene como fin compartir alguna percepción o interpretación para ser considerado por quien recibe y
generar mejora o bienestar… más si duda eso que se ve en algo resuena en una.
Reiteradamente comento que somos espejos de otros y los
otros son espejos de nuestra luz y oscuridad. Escuchando a Carola Castillo
compendí que esto pasa sobre todo cuando
nos movemos desde el ego… viéndonos por medio de otros; esperando que nos
llenen, nutran o quieran… cuando estoy bien no necesito ver al otro sino que ya
me veo a mi misma.
Una pequeña anécdota que
inspira este post…ahí estaba yo diciéndole a alguien que es “incoherente” entre
lo que dice con su boca y lo que comunica con sus gestos, tonos y miradas. Poco
recuerdo del momento, ya que es más fácil sincerarse cuando ingerís algún tipo
de droga, pero si recuerdo pensé “oh-oh, ¡yo también soy; él es mi espejo!”.
Hoy no voy a escribir sobre “el otro” sino sobre este miedo
tan mío y tan traicionero que sabotea las oportunidades. Si, las tantas que
llegan y decido patear con excusas fundamentadas en teorías académicas y
absurdas suposiciones de lo que no existe aún. Acá escribo sobre mis dobles
mensajes, indecisiones y justificaciones… todas las que de una vez por todas decido asumir y más
importante aún; las que cambio.
¿Por qué la disonancia? ¿Qué pretendo proteger, ganar u
ocultar? Querer desear una cosa es muy
diferente a quererlo realmente… así que básicamente el engaño no es hacia la
otra persona sino hacia mí misma. Cabe cuestionarme ¿Realmente creo que si me
digo que no me gusta tal muchacho, que X
situación no me genera miedo o que no me
importa aquello; se vuelva mágicamente verdad? Pues no, la verdad solo me veo
extraña, insegura y posiblemente poco confiable. La vida sigue y a los trabajos, los chicos y
las aventuras que dejo pasar, las toma alguien que decide decir que SI sin
cacofonías ni tartamudeos.
Entonces, ¿Qué es lo que pasa cuando digo o hago algo que no creo o que quiero
creer pero no viene con todo mi ser y mi corazón? Se oye falso o débil; no se entiende.
A ver, soy sumamente comunicativa con el lenguaje no verbal y estoy convencida
que yo misma me ato la soga al cuello; porque ir al decir algo que en el fondo sé
que no es pero quiero que sea; me va a dar una pasada fea. … exponer o actuar
cuando no se si creo lo que hago y cuando no me creo capaz genera un cambio en
el receptor…. Porque aunque la información sea la correcta, la presentación
impecable y totalmente confiable o sepa que la ropa interior es súper sexy; mis
gestos, tono y mi desempeño dicen: no
estoy segura, no me siento valiosa o capaz, no soy inteligente ni sexy; mucho menos
disponible.
¿Cuál es la diferencia entre una exposición a directores con
aplausos o noches de derroche de pasión y exposiciones con guías inútiles y el freno
de mano en la cama?
Simple: disonancia
entre lo que me digo o les digo y lo que hago y/o siento. Cuando me la creo
(de verdad) y es lo que quiero hacer, me digo que soy capaz y mi valía depende
de mí… no hay nadie que me detenga. La verdad…
en ambos casos… diría que sorprendo y hasta cumplido recibo. Sin embargo, cuando
no lo hago con todo mí ser, cuando dudo o actúo SOLO con la cabeza, cuando creo y no estoy
segura… ahí es cuando me lleva la chingada. Ahí es cuando dejo que el miedo me
sabotee… sin importar lo tan buena que sea… toda yo dice “no soy buena” “no soy
confiable” o el peor de los casos “no valgo la pena”.
Así que la disonancia existe en mí; por eso la veo afuera
con tanta facilidad... A veces quiero cambiar las cosas y engañarme… Estos treinta
años ya deberían de haberme demostrado que así no funcionan las cosas. No seré
diferente solo porque todo el tiempo me diga que lo soy, si en secreto sigo sabiéndome
la misma.
No me dejará de gustar un mae porque me diga que ya no me
importa y no dejará de estresarme el qué dirán solo porque levante la barbilla.
Ahí está el fin de la disonancia… aceptar lo que es y sincerarme. Sólo así
puedo actuar coherentemente en pro del cambio.
Mientras pretenda ser quien no soy, negar lo que quiero y
siento y me jure “pichuda” porque el ego se traduzca en “ni picha que llamo” “no
me verán débil”, “ya no me importa”, bla bla bla… discurso desfasado de emoción,
seguiré gritando no me apuestes al jefe, al nuevo compañero y al galán.
Creérmela no es
decirme que soy un mujeron pero temer en silencio que no lo soy y decirme constantemente que tiene que haber
algo mal en mí conmigo o asustarme cuando alguien es muy lindo conmigo.
Creérmela… empieza por explorar mis miedos a no ser lo que
quiero pensar que soy y que otros dicen que ven en mí pero no termino de
introyectar. Creérmela no es pretender engañarme con discursos académicos de auto
superación sino decidir verme con amor y cada que aparezca algún autoreproche o
impulso de huir… haga una pausa y decida incomodarme mucho y salir de patrón de
victimización y cobardía en el cual me he refugiado todos estos años.
Para comunicarme y
sobretodo relacionarme en tono armónico debo ver las notas en las que pierdo el
tono del mensaje. Hasta ahora he identificado tres:
1.
Cuando me
siento 300% insegura y doy paso al ego susceptible
que me tira un jingle cool-hipster. Bloffing
Mode. Canciones de “te lo perdiste” para reafirmar que me vale una mierda, me
burlo del superior que me cuestiona o de la vieja que me critica. Acá casi me
la creo… hasta que me doy cuenta que toda mi atención está en desacreditar a
esa persona y a la reafirmación de su crítica/alejamiento /no aceptación como
verificación de mis miedos.
2.
Cuando
dejo de emitir sonido y me pongo en modo tortuga y no dejo que nadie se me
acerque porque tengo mucho trabajo o estoy muy ocupada. Todo de mi dice aléjese,
pero lo que más quiero y necesito es un abrazo y compañía. Este es perfecto, ya que mi
trabajo es súper absorbente, me permite no pensar o no sentir y así huir un
poco de la realidad. Usualmente mi cuerpo termina por gritarme ¡Hey ya basta, estoy
en huelga hasta que no atienda eso! ¿Adónde queda mi invitación amorosa y
respetuosa a cuidarse y ponerse primero? ¿Con qué cara digo esto? Blablablá
teórico, que me encantaría aplicar pero
ahí definitivamente soy disonante… rara.
3.
Cuando
leo las notas pero en el tono equivocado; la melodía no se entiende. Digo que
no con la cabeza y boca pero TODO lo demás dice que si o viceversa. Acá lo más
difícil es lograr que toda yo esté de acuerdo. Cuando el mensaje real implica un riesgo alto o me retiro antes del
juego (aunque me muera por jugarlo y ganar) sobretodo al ver contra quienes compito,
o bien apuesto todo cuando sé que voy a perder. Así me reitero que no vale la
pena intentarlo a futuro; asegurándome más
de mi cómoda zona de justificaciones para mantener el status quo. Lo admito, he apostado cuando sé que no es una
buena mano… pero ahí si voy con todo. Sin
embargo, cuando podría ganar busco la primera excusa para pasar y “guardar
el All-in” para una jugada más segura. ¡Más segura! Claro… porque incomodarme
no me gusta.
En fin, mucho análisis, mucha renovación y muchas ganas de
hacer las cosas diferentes. Ahora toca lo más complejo… que no se quede en
discursos, que se sienta en mi presencia, en mi energía, en mis abrazos y mis
mensajes… en sintonía con el amor hacia mí misma, a lo que merezco, quiero y
soy. Abrir el corazón es más que dar
amor, es antes que eso. Es darme la oportunidad de dejarme sorprender y darme
permiso de amarme y recibir amor.
Me amo.
Me libero.
Me asumo.
Me doy permiso.
Me exijo disciplina
Me sano.
Me agradezco.
Me arriesgo.
Me abro el corazón.
Me alineo el alma y a mente
“El único
riesgo que vale la pena es abrir el corazón”
Carola Castillo
Carola Castillo
No hay comentarios:
Publicar un comentario