Recibir abrazos, elogios o apoyo debería ser fácil ya que es
bonito… mientras que recibir críticas, trabas y hasta rechazo se pensaría es
difícil.
Bueno la teoría y la práctica no siempre van de la mano y
creo que mi caso no es la excepción. En los últimos meses me he topado en la
disyuntiva de recibir palabras completamente antagónicas y he de admitir que me
sentí confundida, asustada y completamente perdida. He tenido que cambiar con
la vida y acomodarme a lo que es… con el gran reto de seguir en pie y saberme
un verde bambu.
1.
La sombra
Por un lado todo aquello que sea crítica es más fácil
rechazarla y mandar a todo el mundo a la m… pero algo de responsabilidad o de
cierto tendrá las críticas o más bien…. ¿Qué es lo que resuena detrás de las
críticas…? ¿miedos? ¿dolores? Ambos. Lo
cierto es que darme cuenta de que lo que más me irritaba al escuchar que no lo
estaba haciendo bien o que soy imperfecta
era que me reflejaba un “No soy suficiente” y el solo hecho de pensar que no
merecía por lo que tanto trabajaba; era simplemente aterrador. Me vi la sombra:
dispuesta a mutilar a otros, a matar para sobrevivir, a morir antes que ceder y
lista para pelear lo irrelevante, falso o insostenible. No ha sido nada bonito,
de hecho algo aterrador; pero supongo que eso es dejarse crecer y apre-hender
de las experiencia. Despojarme aún de
mis propios tapa-ojos para verme completa: sin adornos ni puntos ciegos.
Era muy fácil caer en los autoreproches de siempre… en los
que además que utilizar el conocimiento como excusa y me limitaba la
transformación; perpetuaban el nauseabundo status quo.
Algunos de mis mantras hacia la mediocridad y resistencia
han sido: “Tengo miedo porque mis experiencias de vida entran en conflicto con
la confianza básica” “no merezco esto” “siempre me pasa lo mismo” “la gente no
me valora” “siempre doy demás y por mi culpa me agarran de tonta” “ser noble es
igual a ser bruta”…. Etcétera. Locus externo.
El verdadero enojo es hacia mí misma, hacia mi posición ante
la vida… en el fondo; muy en el fondo yo sabía la verdad pero era tan fea y
aterradora que mejor me quedaba refunfuñando en el piso; libre de compromisos.
Me vi ahí… tirada, fea, infantil, algo desesperada y me
abracé con amor esa horrorosa parte de mí. Acepté que si, una parte de mi es
monstruosamente despiadada y que crece y sale a relucir cuando encierro mis
miedos y mis dolores… de eso se alimenta: de mis cautivas pesadillas.
Para mi sorpresa, el adefesio al bañarse con las aguas de la
aceptación y amor deja de ser aterrador y se vuelve compasivo. La paz está en
aceptar lo que es… y transformarlo desde el amor.
2.
El amor
Me la paso hablando de lo
hermoso que es abrir el corazón, de rozar la intimidad del otro y de dar
la otra mejilla. Creo que siempre me ha sido más fácil dar que recibir en
general; y pese a que creo que he sido buena novia, buena amiga, buena hija y
buena compañera… estos últimos meses he tenido que aceptar que recibir amor y
en abundancia no se me hacía tan fácil como yo hubiese deseado.
Siempre te dicen que el amor no hay que buscarlo y que
aparece de las formas y por lo medios menos esperados… pues no se si esa sea la
regla pero él llegó a mi vida como menos lo pensé. Desde que lo vi me cautivo
su sonrisa y porte; porque lo admito eso de que te amé apenas te vi no es
cierto, lo que una siente es atracción y mucha afinidad… jajajaja y obvio
ganas.
Lo cierto es que no me esperaba hablar con alguien por horas
y sentir que no nos eran suficientes para compartirnos, que las noches y las
mañanas se desgastan en el colchón donde yacen nuestros mojados deseos y
nuestros candados; desnudarme las pesadillas, los anhelos, los recuerdos
dolorosos y las travesuras de la infancia.
Había proyectado el tipo de relación que quería tener… pero
quizás no estaba preparada para recibir apoyo incondicional, para saberme
deseada con todo y mis 10 kilos de más, para construir sin dramas ni hazañas
heróicas, un lazo fuerte, sólido y real.
He descubierto, creo, lo que es realmente el amor… la
complicidad de carcajadas sin sentido, de reírse juntos de la neurosis,
compartir los más íntimos pensamientos de tu día, pedir opiniones no para saber
qué hacer sino para contar con una mirada distinta que te aporte perspectiva y
te haga cuestionarte tus paradigmas. El amor va más allá de las mariposas en el
estómago o las estremecedoras ondas alpha, es ver al otro y dejarse ver sin
tapujos, veredictos ni engaños. Arriesgarse a ser tan vulnerable que el
instinto de preservación y supervivencia te hace querer huir porque amar y
dejarse amar es sumamente incómodo. Dejás de pretender tener el control y te
aventurás en lenguaje del corazón, el cual dista de cualquier regla gramatical
socialmente aprendida y perpetuada.
¿Cuántas veces he jugado al gato y el ratón, a hacerme la
difícil, a la mártir y a la femme fatale indolora? Demasiadas veces. ¿Dónde me
llevaron? A mismo lugar del cual, según yo, me estaba escondiendo: a mis
miedos, dolores; a mí pasado y mis historias.
Dormirme tomando su mano, despertarme en medio de la noche
con un tierno beso en la frente, salir del aeropuerto hacia una sonrisa y un
abrazo, ponerse Vic para mejorar de un resfrío, acariciarle las preocupaciones
y escuchar atentamente. Pasar por comida y descubrirte metiendo algún snack que
le gusta en tu carrito o guardar un poco de comida que pensás le haría bien.
Descubrir el amor… es caminar en lo desconocido con paz y
confianza en cada paso. Bien dice el principito “Lo esencial es invisible a los
ojos, sólo se ve con el corazón”
1.
El miedo al cambio
He querido muchas cosas en la vida… que llegara mi año de
intercambio, graduarme de la U, cambiar de trabajo y hasta de puesto. He
querido sentirme bien en una relación de pareja y salir de algunas que me
proporcionaban cierta clase de seguridad al estilo “mejor viejo conocido que
nuevo por conocer”. Lo cierto es que cuando finalmente estoy ahí en la parada
tren con el idioma indescifrable, al pairo laboral, en el último día de trabajo
en un lugar donde no era feliz, diciendo Adios con paz y dolor al mismo tiempo…
justo ahí me tiraba al suelo… a esperar a que alguien más me alzara, me
levantara y me dijera cómo afrontar los bizarros códigos de lo desconocido.
Hoy entiendo, después de un poderoso trabajo de reconstrucción
con Carola Castillo, que me he pasado estos 31 años creyendo que muero o estoy
en riesgo de hacerlo… quizás hasta haciéndome la muerta porque negué mi fuerza,
mi misión, mi oportunidad. He esperado por quien sea… un trabajo, un amigo, un
príncipe o un padre que me rescate. Sin embargo; y por dicha, sentí esa fuerza
mística, sabia, maga y sanadora que llevo en mí y supe que toda la vida he esperado encontrarme conmigo misma.
Lo más lindo, fue verme imperfecta y abrazarme para poder
cimentarme en la vida, saberme responsable de levantarme, de asumirme como
mujer adulta, como la poderosa alma sensible que soy para afrontar la verdad.
No se si pueda escribir acá la mujer que se me ser…. Y que
cuando me quiero tirar de nuevo al piso, me dice con amor… levantate, levantate
Paola.
Soy una mujer sabia, llena de energía, de sabiduría en sus
manos, en sus palabras y reflexión. La intuición me revela secretos, anhelos y
realidades. La fuerza de la vida al cimentarme con la tierra y la naturaleza me
conecta con Dios y la vida en cada vibración. Quizás suene pretencioso o hasta
algo delirante, más esta afirmación, a pesar que la pueden leer otros, es para
mí; para cuando necesito recordar quien soy y mover la piernas, los brazos y el
corazón.
Soy maravillosa e imperfecta. Soy cambio, constante; porque
ahí yace la sabiduría: en los cambios; así que espero no dejar de incomodarme
nunca…
Nuevo mantra
“Caminar, fluir y confiar…. Caminar, fluir y
confiar…. Caminar, fluir y confiar (…)”


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